Vendimia Solidaria

"Tener la solidaridad como valor, no sólo como emoción"

La frase sintetiza la filosofía de Juan Carr, titular de Red Solidaria Argentina, quien estuvo en Mendoza para el lanzamiento de la Página Solidaria, que sale todos los miércoles en Diario UNO.

"Mendoza es una provincia única, no sólo por su belleza sino también por el trabajo comunitario que hace. Es una de las provincias más solidarias si se ve el promedio de habitantes y la cantidad de organizaciones sociales que posee. Mendoza es solidaria", confirmó Juan Carr, el referente de Red Solidaria Argentina, quien estuvo en Mendoza presenciando el lanzamiento de Página Solidaria, que sale todos los miércoles en Diario UNO. 

Novedad o no, los mendocinos trabajan en lo social con mucha constancia y eso no es poco. Hay más de 2.300 organizaciones, uniones vecinales, grupos que trabajan con la solidaridad como meta. 
Juan Carr es un hombre que trabaja con la solidaridad desde hace 14 años, conoce distintos temas y ha recorrido el país. 

"La cantidad de argentinos que son solidarios no deja de sorprenderme. A mí me seduce mucho la generosidad, la bondad. Sean una, dos o tres personas, me conmueven. Por eso una comunidad como esta tiene mucho por delante. Una sociedad como la nuestra, donde hay muchísima gente que hace cosas por separado, no es poco. Posiblemente la función nuestra en todos lados es reunir, aunar, juntar, esa es una función en sí misma", agregó Carr, cuyo ideal es "tener la solidaridad como valor, no sólo como emoción". 

-¿Cómo comenzó su actividad solidaria? 

-Yo pertenezco a una porción muy pequeña de la Argentina, que tiene educación universitaria, título, una familia, hijos y esto es una hipoteca moral para mí. No me pesa, pero es así. Entonces con mi mujer y tres amigos nos preguntamos qué podíamos hacer por la comunidad, ya que sentimos esta necesidad de hacer algo por los demás y comenzamos a reunirnos tres horas por semana y así fue el comienzo. Fue una devolución. 

-Y rápidamente encontró pares... 

-Muchos y otros más ocultos. Cada vez que alguien necesita un transplante, que hay un niño desaparecido, que hay un accidente de tránsito, siento que algo falta. Pero he tenido la feliz experiencia que ni bien uno pide algo, hay un otro para brindarlo, para ayudar. Lástima que tengan que pasar catástrofes para que aparezcan. Deberíamos ser más previsores y adelantarnos a los hechos que sabemos pueden ocurrir. Inclemencias climáticas, fallas geográficas. Lo ideal sería que ningún ser humano sufra en público, pero hay veces que es necesario que ocurra para despertarse. 
-¿Qué visión tiene de la pobreza y de los temas que tienen que ver con la exclusión social? 

-Conozco la realidad durísima que vivimos. Hay quienes necesitan un trasplante: de cada cuatro, uno muere esperando el órgano que no llega. Cada tres días muere una mujer en un feminicidio; cada 3 horas muere un chico desnutrido. Pero también me pasa y sé que es impresionante, que cada vez que por mi trabajo convoco a los argentinos, estos son muy generosos. 

-¿Qué pretende conseguir con su labor? 

-Yo lo veo un poco con mis hijos: que todos los chicos tengan lo que ellos. Una escuela, la posibilidad de tener vacaciones cada uno, dos o tres años; tener comida todos los días; ropa, a veces prestadas y otras no. Que tengan una familia que los quiera, que los acompañe, que los contenga. 

-En sus charlas asegura que el fin de la pobreza puede estar en el 2020. 

-En números reales sí. Si cada día 575 hambrientos dejan de serlo en un país de 40 millones de habitantes, es posible. 
-¿Alcanza con darles sólo alimento? 

-La alimentación es un paliativo del hambre. Para terminar con el hambre y la pobreza, en realidad hace falta que los que estaban desnutridos terminen la secundaria, tengan trabajo y si es posible que terminen la universidad.