Vendimia Solidaria

Un espacio muy cálido donde se promueve el amor y la igualdad

El centro educativo y jardín maternal Mi Angelito busca desarrollar las capacidades de los niños con alguna discapacidad. Cuenta con un equipo de profesionales del área de salud y educación.

La Asociación Kumelén, “una escuela para todos”, nació en el 2000 para apoyar el proyecto educativo que se lleva adelante en el centro educativo, recreativo, terapéutico y jardín maternal municipal inclusivo Mi Angelito.

En este espacio, la estimulación temprana es el proceso educativo-terapéutico que pretende promover y favorecer el desarrollo armónico de las diferentes etapas evolutivas del bebé y el niño pequeño con alguna discapacidad. De allí la importancia del equipo interdisciplinario de la institución, formado por profesionales del área de salud y de educación.

La institución inclusiva es el marco ideal que junto con el grupo familiar trabajan para propiciar al máximo los progresos del niño para lograr su independencia en las distintas áreas del desarrollo.

El inicio
La institución surgió como guardería Mi Angelito, como institución privada y fue fundada por Silvia Ezquer de Provenzano y su grupo familiar. Siempre estuvo orientada a la contención y estimulación de los niños y para cubrir las necesidades de los padres que trabajan y viven en las inmediaciones de la guardería y necesitan este servicio para sus hijos.

En 1994, la fundadora debió viajar a Cuba a rehabilitar a su hijo. El Gobierno escolar le permitió estar ausente en sus tareas laborales durante gran parte del ciclo 1995 siempre y cuando se especializara en un área educativa que no estuviera desarrollada en Mendoza, para luego aplicarlo en la provincia. Estudió en la Universidad de Pedagogía en La Habana sobre la inclusión de niños con discapacidades en aulas comunes en la etapa de la primera infancia y como escolarizarlo en el lugar más adecuado. Esta experiencia sumado a conocer de cerca la problemática de las personas con necesidades educativas especiales, luego del accidente de su hijo Andrés, acrecienta en Provenzano la convicción de continuar con esta labor. Así comienzan a incorporarse al plantel de trabajo María Eugenia Alonso, estudiante de la carrera de Educación Inicial, y Paola Lorena Uvalles, estudiante de la carrera de Profesorado de Sordos y Terapeuta del Lenguaje. Así comienzan a trabajar con niños con problemas especiales que no tenían cabida en el sistema escolar tradicional, con trastornos neurometabólicos, parálisis cerebral, déficit visuales, trastornos de conducta por bilingüismo, síndrome de Rett y trasplantados renales. También se agregaron otros chicos con problemas económicos. Todo ello llevó a que esta institución comenzara a tener consecuencias y seriamente comprometida desde sus recursos económicos, puesto que la cantidad de gastos (como por ejemplo el pago de salarios a docentes y profesionales de salud que brindaban el asesoramiento necesario para poder trabajar con niños con necesidades educativas especiales) eran mayores, hasta el punto de tener que plantearse su cierre definitivo en diciembre de 1999. Gracias a su labor con la comunidad, su proyecto pedagógico fue declarado de interés municipal por el Concejo Deliberante de Godoy Cruz. Pero la situación económica del país y pese a los esfuerzos de sus integrantes y de los padres de los chicos que colaboraron con rifas, bingos y obras de teatro, entre otras acciones, fue imposible continuar con los objetivos de la institución. En enero del 2000, su fundadora decide donarlo al municipio con el fin de que se cumpla uno de los principales objetivos del proyecto: la inclusión de los niños con capacidades diferentes.